Efemérides
4 de marzo: 8 mil millones de razones para actuar frente a la obesidad
En el Día Mundial de la Obesidad 2026, la comunidad internacional advierte que, de no mediar intervenciones efectivas, para 2035 cerca de 4 mil millones de personas vivirán con sobrepeso u obesidad. El lema “8 mil millones de razones para actuar contra la obesidad” pone el foco en la magnitud del problema y en la necesidad de respuestas urgentes, integrales y equitativas.
El 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad 2026, una fecha que invita a reflexionar sobre una de las principales amenazas sanitarias del siglo XXI. Las proyecciones son contundentes: hacia 2035, la mitad de la población mundial —alrededor de 4 mil millones de personas— podría vivir con sobrepeso u obesidad si no se implementan estrategias estructurales eficaces.
Actualmente, más de mil millones de personas, incluidos 159 millones de niños, ya conviven con esta condición. Lejos de ser un fenómeno exclusivamente adulto, la obesidad infantil constituye una emergencia silenciosa: las tasas de sobrepeso y obesidad en niños en edad escolar pasaron del 4 % en 1975 a casi el 20 % en 2022, con un crecimiento particularmente marcado en países de ingresos bajos y medios. La evidencia demuestra que la obesidad en la infancia tiende a persistir en la adultez y se asocia con la aparición temprana de alteraciones metabólicas y cardiovasculares.
Según la definición actual, la obesidad es una condición caracterizada por un exceso de adiposidad, con o sin alteraciones en la distribución o función del tejido adiposo, de origen multifactorial y aún no completamente comprendido. Se distingue entre obesidad clínica —considerada una enfermedad crónica y sistémica que provoca alteraciones en tejidos y órganos y puede derivar en complicaciones graves como infarto, accidente cerebrovascular o insuficiencia renal— y obesidad preclínica, en la que existe exceso de adiposidad con función orgánica preservada, pero con mayor riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles.
Entre estas enfermedades, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) ocupa un lugar central. La obesidad es el factor de riesgo más importante para su desarrollo y progresión en todas las edades. La acumulación excesiva de tejido adiposo, especialmente la adiposidad central, favorece la resistencia a la insulina —una disminución en la respuesta de los tejidos a la acción insulínica— que conduce a hiperglucemia sostenida y, con el tiempo, al desarrollo de DM2.
Diversos estudios epidemiológicos muestran una relación lineal entre índice de masa corporal (IMC) y riesgo metabólico: las personas con IMC ≥ 29,9 kg/m² presentan una probabilidad varias veces mayor de desarrollar DM2 en comparación con aquellas con IMC en rango normal. Desde el punto de vista fisiopatológico, obesidad y diabetes comparten mecanismos comunes, como la disfunción del tejido adiposo, la secreción alterada de adipocitoquinas, la lipotoxicidad y la inflamación crónica de bajo grado, procesos que contribuyen tanto a la resistencia a la insulina como a la disfunción de las células beta pancreáticas.
Sin embargo, la obesidad no puede entenderse como un fenómeno aislado ni exclusivamente individual. Se trata de una condición compleja, determinada por múltiples factores sociales, económicos y ambientales. La pobreza, la inseguridad alimentaria, la limitada disponibilidad de alimentos saludables, los entornos que no favorecen la actividad física, el acceso desigual a la educación y a los sistemas de salud, así como el estigma —incluso dentro del ámbito sanitario—, modelan el riesgo y los resultados a lo largo del curso de vida.
A pesar de su magnitud, muchos sistemas de salud aún no están adecuadamente preparados para abordar la obesidad de manera integral. Persisten la subestimación de la obesidad como enfermedad crónica, la escasa integración de su manejo en la atención primaria, el acceso limitado a tratamientos efectivos y sostenibles, y la presencia de sesgos que desalientan la consulta y retrasan el diagnóstico.
No obstante, estos resultados no son inevitables. La evidencia científica indica que la obesidad puede prevenirse, detectarse y tratarse con mayor eficacia mediante estrategias integradas que prioricen la prevención desde la primera infancia, promuevan una atención centrada en la persona, combatan el estigma y garanticen acceso equitativo a la atención sanitaria. Asimismo, se requieren políticas públicas orientadas a transformar los entornos obesogénicos y a reducir las inequidades estructurales.
En el CENEXA (UNLP-CONICET CCT La Plata, FCM, CeAs CICPBA) nos enfocamos en profundizar el conocimiento sobre esta problemática sanitaria y en generar herramientas que contribuyan a su abordaje. Para ello, impulsamos líneas de investigación orientadas a analizar el impacto clínico y metabólico de dietas no equilibradas, evaluar intervenciones nutricionales y farmacológicas destinadas a la prevención y el tratamiento, y diseñar estrategias comunitarias de educación y concientización que fomenten hábitos alimentarios saludables y la práctica sistemática de actividad física.
CENEXA (UNLP-CONICET, CeAs CICPBA)
Calle 60 y 120, La Plata, Argentina